martes, 9 de febrero de 2016

El vagabundo de las estrellas



Jack London
El vagabundo de las estrellas
The Star Rover. Traducción: Mari Luz Ponce Hernández
Alianza Editorial / El Libro de Bolsillo, edición 2015

Cien años después de su primera publicación, El vagabundo de las estrellas (1915) renace con una fuerza inusitada. En esta entretenida, oscura, terrorífica y valiente novela el escritor californiano Jack London (1875-1916) mostró una nueva dirección en su narrativa, apostando mucho más por la individualidad de la moral que por la propia de la sociedad y plasmó en un extraño compendio de distintas aventuras lo que hoy día podría tener relación con los llamados sueños lúcidos.
La historia narrada en primera persona por Darrell Standing, convicto a pena de muerte en el penal de San Quintín, es estremecedora y, a veces, escabrosa. De forma nunca esperada en su vida, este hombre fue condenado a cadena perpetua (y después, por una falsa agresión, a morir en la horca) y, por una perversa concatenación de circunstancias en un entorno tan viciado como es la cárcel, se ve sometido a un castigo extremo, con el que la mayoría de los que lo padecen, si sobreviven, terminan enajenados o tullidos: permanecer en una oscura y húmeda celda de castigo con todo el cuerpo aprisionado hasta el delirio con una camisa de fuerza que le impide el más mínimo movimiento. Y eso durante días y días de tortura. Sin embargo, el protagonista descubre un sistema para escapar a dicho sufrimiento y con el que evita que su cuerpo sienta las sensaciones fatídicas de la opresión constante y el movimiento impedido. Se trata de una especie de evasión de la mente por un proceso de muerte en vida, con el que su espíritu sale de su propio cuerpo para vivir otras experiencias que, en su caso, son de vidas anteriores, con otras personalidades, otros cuerpos y en otras épocas y lugares.
Así, London consigue que en un solo libro tengamos varias narraciones de diferente cariz, de lo que podríamos llamar distintos géneros, y todas perfectamente hiladas en una sola novela. No se lee como una colección de cuentos, sino como las aventuras extracorporales de un mismo individuo en diferentes espacios y tiempos. Es, como decía, algo similar a los sueños lúcidos, en donde el individuo proyecta el sueño, lo induce para introducirse en él cuando duerme, para vivir la experiencia que ha planificado previamente. Incluso (dicen algunos) comunicándose en el mismo con otros individuos que podrían viajar también por ese mismo espacio onírico. Aunque el convicto Standing no viaja por un sueño sino que proyecta su espíritu a épocas remotas en el tiempo y el espacio reflejándose en otras vidas que vivió anteriormente.
Una narración apasionante que pone de relieve el poder de la imaginación para proyectarnos a otros mundos, a otras experiencias y a otras maneras de ver nuestra propia existencia. Pero también añade London a El vagabundo de las estrellas un caracter moral en relación a la preeminencia de la moral individual frente a la tantas veces corrupta y pervertida moral social, reflejada en las normas de la prisión y, más concretamente, del alcaide de la misma, con quien el torturado Standing mantiene un pulso constante, una batalla feroz y sin cuartel, pese a que el prisionero es, a priori, el más débil para mantener dicho enfrentamiento. Al final, el texto se convierte en un furibundo alegato en contra de la tortura y de la pena de muerte.
De aventura seria, de narración que te lleva rápidamente a empatizar con los protagonistas y con sus peripecias, de mares, espadas, caballos y arenas candentes... de todo eso supo Jack London escribir de forma magistral, con otras inmortales novelas como, entre muchas, Colmillo blanco (1906), El lobo de mar (1904) o La llamada de la naturaleza (1903).

martes, 19 de enero de 2016

Hijo de mil (Concierto de palabras putas)


Pablo Finamore durante la representación en Taberna El Fin del Mundo. Foto: Carolina Sánchez
Pablo Finamore
Hijo de mil (Concierto de palabras putas)
El Salvaje Teatro
Taberna El Fin del Mundo, 17 de enero de 2015

Debo confesar que leyendo la información que resumía este espectáculo teatral publicada en el, hoy imprescindible, evento creado en Facebook, mis apetitos para aventurarme en este pre-estreno eran más bien dubitativos. Con lo allí contado, me esperaba (esos prejuicios tan absurdos a veces) una especie de psicodrama familiar con tintes tópicamente argentinos, de carga tan intensa que, quizás, podría habérseme hecho insoportable. Pero, la verdad es que no me arrepiento de haberme atrevido a presenciar el espectáculo de Pablo Finamore, intérprete y adaptador de la obra La madre voluptuosa, de Ariel Arango (en versión libre). No voy a decir que no hay sesión psicoanalítica sobre las relaciones familiares, que la hay. Es precisamente ese el tema que trata, pero lo hace desde una perspectiva brillante, ágil y muy divertida, con unos estupendos recursos escénicos, casi minimalistas que hacen de esta obra un ejercicio interpretativo muy empático con el público. La dirección corre a cargo de Marcelo Nacci y la producción ejecutiva es de la también actriz Flor Saraví.
La obra se presenta por vez primera en la Taberna El Fin del Mundo, como un pre-estreno de lo que será su andadura por escenarios argentinos (desde el 14 de febrero en Buenos Aires) y, aunque iba a tener una única presentación, el entusiasmo del público y quienes quedaron sin poder asistir han provocado que, antes de su partida a tierras argentinas, vuelva al mismo escenario (de nuevo, con entrada libre) el próximo domingo 31 de enero (ver la convocatoria aquí).
El argumento de la obra nos presenta a un desesperado Gustav Mahler que, enterado de la infidelidad de su esposa Alma, se presenta ante un psicoanalista para que le aconseje sobre sus angustias matrimoniales. Es cuando, al compás de un piano que va pulsando las emociones, aparece la dicotomía madre-vírgen/madre-puta y la dificultad del célebre compositor tardo-romántico en aceptar el sexo en la mujer, sobre todo en la madre y en la esposa. La dinámica de la adaptación lleva por momentos al espectador a una especie de catarsis que reivindica el derecho a sentirse sexual, a ser un hijo de puta y no un hijo de vírgen. Finamore traduce los vacíos de Mahler y los consejos del psicoanalista en gestos intencionados, en palabras y entonaciones muy marcadas y, en suma, en una representación que reivindica el difícil trabajo del monólogo serio (aunque tenga humor en su texto), que resalta el encanto (de encantamiento) de las palabras seduciendo con su dicción a los espectadores y que pone de manifiseto, una vez más, la magia del teatro en vivo.

viernes, 15 de enero de 2016

B



David Ilundain
B
Avalón / Cameo, 2015

Es difícil calificar esta película. Se trata de un documento convertido en una relativa ficción. No es exactamente un documental, pero nada tiene de ficción. Como reza al final, “Cualquier parecido con la realidad NO es una coincidencia”. Se trata más bien de una dramatización (si así puede decirse) de un caso real procedente de unos papeles oficiales. Además, tiene el peso importante de tratar uno de los asuntos que más tinta y sudor (a algunos) han hecho correr desde hace una buena temporada en las esferas políticas y periodísticas de nuestro país. B (2015) es la inicial de los papeles (fotocopiados) que hace ya dos años publicó en exclusiva el diario El País, que daban confirmación a las noticias de El Mundo que unos días antes hablaban de presuntos sobresueldos en negro en los cargos del Partido Popular. B es la inicial que corresponde, precisamente, al entonces tesorero del PP, Luis Bárcenas. Todo esto es lo que ha llevado a lo que se conoce como Caso Bárcenas, que tantos quebraderos de cabezay terremotos de confianza ha provocado en el partido gobernante en esas fechas y que hoy día, tras las últimas elecciones generales del 20D ha perdido su mayoría. Y en parte, según los analistas políticos, esa pérdida de confianza por parte de los electores ha sido causada por la presunta corrupción que da a entender este caso, que parece no tener fin y no se sabe hasta dónde llegará.
B, la película dirigida por David Ilundain, trascribe palabra por palabra las actas de la declaración que realizó Luis Bárcenas (por entonces, en prisión) el 15 de julio de 2013 ante el juez Pablo Ruz. La cinta está basada en una dramatización teatral que, con el nombre de Ruz-Bárcenas, realizó Jordi Casanovas en 2014 en El Teatro del Barrio, un espacio gestionado como cooperativa en el barrio de Lavapiés de Madrid, y en la que transcribía literalmente dicha declaración ante el juez. Una declaración que supuso un cambio en la postura de Bárcenas pues, si hasta esa fecha había estado negando todas las acusaciones de posible corrupción, en ese momento denunció muchas irregularidades que resultarían con el tiempo demasiado incómodas para el Partido Popular.
La puesta en escena es tan sobria como el mismo argumento: una sala donde unos preguntan y Bárcenas responde. Las interpretaciones son excepcionales y asombra la dificultad que el argumento en cuestión tiene para hacerse ameno y cómo los actores consiguen que no despeguemos nuestra atención de lo que está declarando. Pedro Casablanc (Luis Bárcenas) y Manolo Solo (Juez Ruz) están excepcionalmente creíbles, tanto que han logrado con esta atípica película una nominación a los próximos premios Goya, como mejor actor protagonista y mejor actor de reparto, respectivamente. También el director David Ilundain ha sido nominado al mejor guión adaptado, del que es autor.
Una obra necesaria para que no se oculte la verdad y que quienes hayan cometido actos ilegales (sean quienes sean) acaben juzgados sin censuras y condenados según sus delitos.

Puedes ver el trailer de B (la película) pinchando aquí.

jueves, 14 de enero de 2016

En movimiento. Una vida

Oliver Sacks dibujado por Javier Herrero

Oliver Sacks
En movimiento. Una vida
On the move: A life. Traducción: Damià Alou
Anagrama, 2015

La primera sensación que me queda tras leer este testamento autobiográfico del neurólogo británico Oliver Sacks (1933-2015) es la de que fue un hombre curioso hasta sus últimos días, en los que hasta su propio cáncer era motivo de preguntas sobre las sensaciones que la mente humana recibe de su propio interior y de factores externos. Un gran científico y un gran escritor que ha divulgado de manera fascinante los complejos mecanismos por los que discurre tantas veces la mente humana. Y, sin ninguna duda, un buen hombre (o un hombre bueno) cuyo amor por el ser humano y sus complejas maneras de enfrentarse al entorno y a sí mismo le han convertido en uno de los más importantes divulgadores de las últimas décadas sobre la ciencia del cerebro, de los sentidos y de las enfermedades o perturbaciones asociados a estos. Mundialmente famoso por algunos de sus textos que trascendieron el contexto científico y llegaron al gran público, el autor de El hombre que confundió a su mujer con un sombrero (1987) o de Un antropólogo en marte (1997), entre otros títulos (muy interesantes todos ellos), aborda en En movimiento. Una vida (2015) el análisis, más emotivo que científico, de su propia existencia. Y lo hizo a sabiendas de que un cáncer estaba acabando con su vida, ya padeciendo cruelmente esta terrible enfermedad.
Antes de publicar esta autobiografía, Sacks se despidió en febrero de 2015 con un muy emotivo y hermoso artículo publicado en The New York Times (y que aquí puedes leer en la traducción que publicó El País), pocos meses antes de su fallecimiento el 30 de agosto de ese mismo año.
En movimiento descubre una personalidad arriesgada, con gran amor por sí mismo y por la Vida (con mayúsculas) y con grandes dificultades para abordar las relaciones con los demás enturbiadas por una timidez enfrentada a un cierto exhibicionismo juvenil, y por su homosexualidad, que describe sin ningún tipo de rubor y con un fondo de hermosura propio de quien ha amado sinceramente. También nos habla en el libro de sus titubeantes inicios en el mundo de la ciencia, y de la medicina en concreto, para derivar a lo que sería su gran especialización, que fue, no tanto los mecanismos de las enfermedades neurológicas como los sistemas de relación de los pacientes con sus propias enfermedades y de cómo se buscan y encuentran fórmulas para cohabitar con ellas, si no se pueden eliminar definitivamente.
Como en todos sus libros, las experiencias del autor son relatadas con una sencillez abrumadora que descubre lo maravilloso (terriblemente maravilloso en ocasiones) que pueden llegar a ser los funcionamientos de la mente humana. Su prosa es sencilla, amena y con una fuerza de atracción inusuales en el lenguaje científico y se remonta a la tradición decimonónica de relatar casos clínicos. Cada vez que nos enfrentamos a la lectura de algún caso narrado por Sacks, tenemos delante un fascinante enigma a resolver: el del aún ignoto funcionamiento de la mente humana.
En su biografía recorre con su moto una juventud acelerada que le llevaría a convertirse en una sosegado científico que, imagino, tuvo que saber seducir constantemente a sus pacientes para que él fuera capaz de contarnos sus sensaciones de la manera que nos las contó.
Un gran hombre se marchó hace pocos meses y podemos descubrir su deambular por este planeta en este libro emocionante y que, personalmente, acabé con una sonrisa llena de ternura en los labios. Nada mejor que acabar esta reseña con una frase suya para animar a la lectura de la vida de este gran científico y escritor:
«Sobre todo, he sido un ser sensible, un animal pensante en este hermoso planeta, y eso, por sí solo, ha sido un enorme privilegio y una aventura».

viernes, 8 de enero de 2016

Cielo sobre Berlín


Wim Wenders
Cielo sobre Berlín
Der himmel über Berlin (Wings of desire), 1987
Sherlock / A Contracorriente Films

Poco más de dos años antes de un acontecimiento histórico, la caída del Muro de Berlín, el cineasta alemán Wim Wenders filmaba una de esas pocas obras diferentes e imperecederas que ha dado la historia del cine. En ella dibujaba una sociedad, la suya, la de su país, ajada, gris y apática, envejecida y decadente. Un dibujo visual en el que, por medio de frases dispersas, de pensamientos anónimos escuchados casi al azar, se configuraba un lienzo, siempre incompleto y en constante transformación, que plasmaba las impresiones del director sobre la sociedad alemana de ese tiempo. Pero, además, Cielo sobre Berlín es una narración fantástica y atemporal. Y también una historia de amor eterno, tan eterno como lo es una vida que tiene su tiempo limitado.
Con la colaboración en el guión de Peter Handke, Wenders nos presenta un Berlín en blanco y negro, con una bellísima gama de grises, que está ocupado por ángeles, seres alados que deambulan sin ser vistos entre los humanos que habitan la ciudad. Están ahí para escuchar sus pensamientos y tratar de entender cómo se comporta esa sociedad, cómo viven esos seres terrestres, cuáles son sus miedos, sus anhelos, sus frustraciones, sus sueños y, en esa ciudad enmarcada por un vergonzoso muro, su memoria más olvidable que habita perdida en el fondo de sus espíritus royendo sus recuerdos.

Así, como si fuera ese lienzo de pintor del que hablaba, los ángeles van colocando metafóricamente cada uno de esos pensamientos de hombres, mujeres y niños en su paleta para configurar una pintura que dé color a la grisura emocional presente en el propio estado de los ángeles y esbocen así la fisonomía de los humanos. Y, aunque no siempre los entiendan, van añadiendo texturas, matices y colores para seguir pintándolos eternamente.


Pero, a veces (y aquí está presente la historia de amor de la película), algún ángel desea sentir como propio lo que sienten los humanos y deciden abandonar su inmortalidad e inmaterialidad para acercarse a ellos, para acabar convirtiéndose en ellos. El protagonista (Bruno Ganz) se siente atraído por la joven trapecista Marion (Solveig Dommartin) y desea acercarse a ella. Una mujer que trabaja en lo alto de la carpa del circo, arriesgando su vida con el peligro de caer a un suelo sin red. Un ángel que abandona las alturas inmateriales desde las que observa el devenir de la ciudad para acercarse a una mujer a la que ama. Es cuando la imagen que Wenders nos ofrece pasa del gris al color, del anhelo del conocimiento a la acción de la vida. Su encuentro con el suelo firme es hasta chistoso y la asimilación de su nueva corporeidad se torna excitante y fabulosa; resulta intrigante el encuentro de este nuevo humano con el actor Peter Falk el famoso Colombo, que se interpreta a sí mismo), que se haya en Berlín filmando una película sobre la Segunda Guerra Mundial; es deslumbrante, romántico y casi palpable el encuentro del ángel-humano con la trapecista Marion durante un concierto de Nick Cave...
En reumen, se trata de una película mágica, de una obra maestra a la que no se le pudo resistir la Palma de Oro al Mejor Director del Festival de Cannes. Es cine sublimo y hermoso.
PD.: Por cierto, todos los ángeles llevan coleta. Que no cunda el anacronismo y nadie tenga la tentación de hacer relaciones extemporáneas con momentos políticos actuales... ;-D

Puedes ver el trailer de Cielo sobre Berlín pinchando aquí.

martes, 22 de diciembre de 2015

The visit



Michael Madsen
The visit. Bienvenidos a la Tierra
Dinamarca, 2014
Cameo

¿Hay alguien ahí?
Desde la invención de la radio y de la televisión, hemos estado enviando señales al espacio con la frágil e incierta esperanza de contactar con otra civilización. Hasta ahora (si no se nos ha ocultado), parece que nunca hemos podido ver un ser extraterrestre o que nada vivo venido de fuera de nuestro mundo ha podido vernos a nosotros. Aparte de las muchas especulaciones fantásticas y maravillosas invenciones literarias, cinematográficas, ilustrativas.... con las que siempre nos ha gustado imaginar ese más allá de la Tierra, no hay evidencias objetivas y constatadas de que algo de todo ese llamado contacto haya sucedido alguna vez.
Este interesantísimo documental, The visit (Bienvenidos a la Tierra), realizado por el danés Michael Madsen, con la complicidad de distintas instituciones y personas reales de carácter científico, político o militar, se pone en la piel de todos los habitantes de la Tierra ante una eventual presencia de gente venida de fuera, frente a los que sería ese famoso encuentro en la tercera fase.
Bienvenidos a la Tierra... ¿por qué deseáis conocernos? ¿Cómo pensáis? ¿Tenéis imaginación? ¿Sabíais de nosotros o ha sido solo azar por lo que nos habéis encontrado? Entre vosotros y nosotros ¿hay una percepción adecuada?... Una interminable sucesión de preguntas sociales, morales y casi de cualquier ámbito que pueden formularse ante esa posible visita. Y, también muy importante, ¿cómo reaccionarían nuestros distintos poderes ante esa llegada? ¿Que diría la ONU a esos visitantes? ¿Quién nos representaría en ese contacto? ¿Qué medidas de prevención o de ofrecimiento tomaríamos ante ellos?
Actualmente existen muchos equipos de investigación preparados para un eventual contacto con inteligencias extraterrestres que están permanentemente conectados al universo. También hay departamentos, más o menos en secreto, dentro de los gobiernos de muchos países dedicados a este asunto. Elementos importantes a considerar por las posibles reacciones de los distintos pueblos ante una noticia de ese calibre. Científicos, políticos, teólogos... se plantean en el documental cómo deberíamos de dar la bienvenida a los extraterrestres, con protocolos estudiados, la mayoría de ellos preparados al margen de la opinión de los habitantes de los países de la Tierra (como, por otro lado, suele hacerse casi todo en esas instituciones). Unos protocolos preparados para comunicar el posible contacto a las poblaciones; sin contar todo, evidentemente, para no sembrar la temida alarma, contando solo lo necesario para manejar la cohexión, para que no se iniecie el pánico, para mantener unida a la sociedad.
Por otro lado, los visitantes ¿serían tratados como hoy lo son los grupos terroristas, donde las resoluciones de la ONU permiten tomar medidas militares a nivel global? Evidentemente, los ejércitos son los primeros en posicionarse como medida para prevenir cualquier posible peligro. Nada más real lo planteado en este documental especulativo, tan real como la vida misma, en la que, aún sin extraterrestres tenemos todos los días experiencias en todos los rincones del mundo (la mayoría de ellas, realmente desalentadoras).


Estos intentos de contacto no son de hoy día. A lo largo de la historia se ha especulado con ello. Y, al margen de la fantasía literaria o cinematográfica, una nave real, la Voyager, navega ya fuera de nuestro sistema solar con información sobre nuestra civilización humana en la Tierra para que pueda ser leída por alguna otra inteligencia de más allá de nuestro entorno espacial inmediato. Aunque hay que decir que, pasado el tiempo, esa información enviada hoy se ve sesgada, incompleta y realmente ingenua, en la que se han obviado los dramas y las maldades de las que somos capaces y de las que nuestra historia da infinitos ejemplos, incluido el de la capacidad que tenemos para autodestruirnos. Así las cosas, ¿cómo veríamos al recién llegado a nuestro mundo: visitante o invasor?
Y más aún, el documental plantea otra cuestión (que roza lo rocambolesco y lo absurdo): ¿tenemos normativa legal para ese posible encuentro de razas diferentes del universo? (en este punto no puedo evitar la carcajada). Un especialista en derecho afirma en esta película que “ninguna de las razas debe dañarse mutuamente” y que “cada una debería de tener su propio espacio vital”. Patético. Si no somos capaces de cumplirlo entre nosotros, los humanos, ¿alguien pede pensar que lo haríamos con los extraterrestres?


Lo cierto es que, aparte de pasar un rato muy entretenido, este documental tiene una utilidad secundaria: desnudarnos, poner en evidencia nuestros propios fracasos globales como los seres morales que decimos ser y hacer que veamos todos los problemas que como sociedad nos empeñamos en acrecentar para hacernos una vida, quizás más cómoda por los avances médicos y científicos, pero más compleja cada día, sin duda, por nuestra habilidad para ponernos zancadillas en la convivencia entre nosotros mismos, vengamos de donde vengamos (los de la Tierra) o vengan de donde vengan (esos posibles que llegarían de fuera de ella).
The visit es un documental muy bien planificado y expuesto, con muchas preguntas que quedan flotando en el aire para que nos hagan reflexionar sobre nosotros mismos. Un ejemplo: mientras preguntan a responsables políticos sobre lo amenazante que sería una visita alienígena que quizás decidiera no dar explicaciones de por qué está aquí, unas imágenes de un tanque terrestre destrozan y pasan por encima de un árbol, matándolo sin darle –es otro ser vivo– ninguna explicación de por qué está haciendo esa máquina terrícola lo que hace. ¿Paradoja? ¿ceguera? Ahí lo dejo. Solo una última reflexión más que puede plantea este dilema: ¿Qué pasaría si los visitantes se marcharan sin tomarse siquiera la molestia de hacernos notar que existimos para ellos? ¿Dónde quedaría nuestro ego de ser inteligente?

Puedes ver el trailer de The visit pinchando aquí.

lunes, 21 de diciembre de 2015

Poemas alfabéticos para días ñuviosos



Nuria Gómez de la Cal y Guiomar Pellejer Zaera
Poemas alfabéticos para días ñuviosos
Torremozas, 2015

Una de las tendencias de la ilustración de hoy y de todos los tiempos es la de realizar una especie de animalario, bestiario o colección de variedades relacionadas con el propio alfabeto. Los llamados alfabetos ilustrados, desde las letras capitulares de los códices iluminados de la Edad Media a las filigranas árabes u orientales, tienen y han tenido una especial atención por parte de los artistas gráficos de todos los tiempos. Y si, además, las letras seducen, incitan, promueven o inspiran textos poéticos, las sugerencias son de doble sentido, tanto para el ilustrador como para el escritor, que se motivan mutuamente.
Uno de los últimos poemarios ilustrados publicados se titula Poemas alfabéticos para días ñuviosos, así, con ñ, del que son autores Nuria Gómez de la Cal, actriz y profesora teatral que, tras un libro de cuentos, presenta su primer poemario en colaboración con la ilustradora Guiomar Pellejer Zaera, quien disfruta dibujando en la arena y juega a que esta se le cuele entre sus dedos... Un alfabeto ilustrado que bien podría haber participado del dosier Juego de nuestra última revista La Ignorancia (ver), pues este bonito libro no es sino eso mismo, un juego con las letras y las palabras, divertido y melancólico a veces.
Emocional y sensible, los textos e imágenes nos hacen ascender al Atlas de nuestro asombro y nos piden que las besemos con barullo y sin bostezos. La poesía se funde con las letras para que, una a una, vayan soltando sus esencias cacofónicas, rítmicas y rimantes. Una cadencia de imágenes que se alían con muchos guiños a cada una de las letras de nuestro alfabeto, incluidas las extintas y añoradas letras dobles, la Ch y la Ll, la primera de las cuales fue protagonista del anterior número de La Ignorancia (ver) y que, de haber estado este poemario publicado por entonces, habría sido invitado, sin duda, a participar en él con estas palabras ilustradas de Nuria y de Guiomar.

jueves, 17 de diciembre de 2015

Por sus obras le conoceréis


Jesse Jacobs
Por sus obras le conoceréis
By This Shall You Know Him. Traducción: Sara Xiol
La Mansión en Llamas / DeHavilland Ediciones, 2015

Cuando menos, Por sus obras le conoceréis es sorprendente. Tanto en su concepto gráfico como en la narración. Esto es cómic contemporáneo, con nuevas maneras de contar, con nuevas formas para mostrar. El trabajo es arriesgado y osado, es atrevido e informal. No se rige por los patrones tradicionales del cómic, aunque, eso sí, sigue discurriendo por medio de viñetas. Y, es más, Jesse Jacobs, creador canadiense de la nueva hornada de fanzinerosos, se lanza con una historia creacionista, que viaja a los orígenes del todo, y en la que los límites de las tres dimensiones (dos sobre el papel) está ampliamente superado por la imaginación cuasi-cósmica que despliega con sus fabulosas ilustraciones desvergonzadas, abiertas y muy divertidas.
Con tres colores predominantes, Jacobs nos hace viajar a un pasado remoto, lejanísimo, sin tiempo, en el que las energías del universo flotan en forma de pequeños dioses que se dedican a aprender cómo crear seres en los diferentes puntos del cosmos. Como si fueran clases de aprendizaje, cada uno de estos personajes van probando para ser mejores, para comprender sus propios poderes y para competir entre ellos. Mientras tanto, los seres que van apareciendo con sus inventivas van conformando maneras de vivir y demostrando que tienen tantas imperfecciones como sus propios creadores, que están perdidos en su propia existencia y en la difícil aventura de ser.
Temas complejos, aunque realmente expresivos y emocionantes con el espectacular despliegue ilustrativo que despliega el autor en cada una de las páginas. Un imaginario que asombra viñeta a viñeta, personaje a personaje y que, una vez leído, puede incitar a la reflexión (o no) sobre las partículas elementales que nos forman a cada uno, y, sin duda, a volver al principio, o al centro o a cualquier otra parte del libro para apreciar detenidamente las composiciones creadas para narrar la historia y disfrutar de cada uno de los dibujos de Por sus obras le conoceréis.

Puedes ver un avance de este cómic pinchando aquí.

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Radio Clásica 50 aniversario


VVAA / Radio Clásica
La música de una historia.
Radio Clásica. 50 aniversario
Pack 5 cds + libreto. Warner Music Spain / RTVE, 2015

Hace cinco décadas, hace medio siglo, ni más ni menos, en 1965, nació una emisora hermana de Radio Nacional de España que se vino a denominar Segundo Programa y, más tarde, Radio 2, para, desde 1994, ser conocida como Radio Clásica. Si hay una emisora cultural en la radio de nuestro país esa es, por goleada emocional y por longevidad, Radio Clásica, que ha acompañado, enseñado y entretenido a los oyentes de varias generaciones, mostrando hasta dónde pueden llegar los mejores logros del ser humano (sobre todo, en el terreno de la música).
Yo confieso que, allí donde me llegan los más antiguos recuerdos, me veo acompañado de una banda sonora que brotaba de la radio (entonces, sintonizada por mi padre) que me descubría momentos sonoros llenos de paz, serenidad, belleza, fuerza, vanguardia, sorpresa... experiencias que han ido evolucionando con el paso de los años a través de los muchos programas especializados que han conformado la parrilla de esta emisora que, a su vez, han ido conformando mis gustos y apetitos por la música en sus más variadas facetas, estilos, géneros, autores, épocas...
Y esto gracias, claro está, a los muchos locutores que han pasado por la emisora (algunos de ellos ya fallecidos, otros retirados) aportando su sabiduría en cada una de sus especialidades. Espacios musicales que no han dejado abandonada ninguna faceta de la creatividad del ser humano en ese terreno, desde las músicas de tradición oral al jazz, del flamenco al Romanticismo, del período Clásico a las vanguardias más rupturistas. Todo se ha escuchado y se sigue escuchando en Radio Clásica. Es obvio que cada uno tiene sus preferencias y sus gustos, pero es tan amplio el espectro musical que pasa, ha pasado y seguirá pasando por la emisora culta que nadie puede decir que no se sienta representado en ella en algún momento de su vida.

Equipo actual de Radio Clásica.

Una vida, la de Radio Clásica, que en este 2015 está de aniversario y para celebrarlo como merece, lo hace como mejor sabe: poniendo música. Gracias a la colaboración con Warner Music Spain, que aporta para la selección su amplísimo catálogo clásico, y a un generoso ofrecimiento por parte de otros sellos y emisoras, varios especialistas de Radio Clásica se han puesto a la difícil tarea de configurar lo que serían cinco programas para festejar dicho cumpleaños. Pero no para emitirse (que bien podrían hacerlo también) sino para que lo efímero que, por esencia, ha tenido siempre un programa de radio quede grabado en algo tangible, en algo físico que se pueda uno poner, como si de un traje de fiesta se tratara, de vez en cuando. Se trata de un cofre lleno de tesoros musicales en forma de cinco cds recopilatorios que, como apuntaba en la presentación a la prensa Carlos Sandúa, director de Radio Clásica, no pretende ser un catálogo de las obras más conocidas ni de los géneros que han definido la historia de la música como si de compartimentos estancos se tratara, sino que han buscado hacer un todo musical en donde cualquier obra está relacionada de alguna manera con todas las demás. Una tarea harto complicada que responde a lo que, en realida ha sido la historia de la música: un conjunto de influencias en muchas direcciones que han inspirado a los creadores de las más diversas maneras.
Pero como todo hay que organizarlo, los cinco discos (cada uno seleccionado por un especialista de la emisora) recorren sensaciones a través de las épocas. Sergio Pagán se ha dedicado a los Órdenes, Modos y Medidas de la música antigua; Jon Bandrés, a las Pasiones, Luces y Sombras que descubrió el Renacimiento; Martín Llade, a la Razón, Forma y Equilibrio que llevó del Barroco al Clasicismo; Laura Prieto ha seleccionado el período Clásico en Amor, Naturaleza y Muerte, y Eva Sandoval nos pone al corriente de lo que el siglo XX ha aportado en Ruptura, Libertad y Amalgamas.
Y son todas estas palabras las que se transmiten con esta excelente selección de grandes tesoros musicales, confabulados entre ellos para llevarnos desde la sonrisa al éxtasis, desde la contemplación a la energía, y que, como resument, pueden todos ellos definirse con una sola palabra: belleza.

martes, 1 de diciembre de 2015

El árbol

John Fowles. Foto: Fay Godwin 

John Fowles
El árbol
The tree. Traducción: Pilar Adón
Impedimenta, 2015

Ha sido como una revelación. Han pasado 36 años desde que el escritor británico John Fowles (1926-2005) escribiera este breve ensayo titulado El árbol, pero sus reflexiones sobre la naturaleza siguen siendo tan vigentes (si no más) que en aquellos tiempos en los que aún estaba por despertar la conciencia ciudadana sobre el respeto necesario al mundo en el que todos vivimos. No se trata de un libro con voluntad ecológica al modo de los que hoy día se publican con intenciones buenistas para seguir una vida más equilibrada, sino de una emocionante reflexión sobre el entorno natural y sus relaciones con la vida del autor, con su propia familia y con su experiencia vital alrededor del mundo del arte y de la creación.
El autor de obras (muy conocidas por sus adaptaciones al cine) como El coleccionista (The Collector, 1963), El mago (The magus, 1965) o La mujer del teniente francés (The French Lieutenant's Woman, 1969), entre otras, se zambulle en una de las pasiones obsesivas de su propio padre: el cultivo de árboles frutales en el reducido jardín urbano de su casa (concretamente, perales y manzanos) y el metódico trabajo que le absorbía para lograr los mejores frutos posibles. Esto provoca que el autor haga una semblanza del modo de vida ciudadana, estructurada y organizada que la sociedad promueve y al que él mismo nunca fue afín y del cual era gran representante su padre, gran aficionado, también, a la filosofía. «Los buenos filósofos se dedican a podar el caos de la realidad y lo moldean en formas fijas, logrando así que dé valiosos y deliciosos frutos, al menos, en teoría». Fowles, en cambio, se siente  más cercano a las arboledas y a los bosques olvidades, anárquicos en su crecimiento y sin aerosoles ni podas, en los que todo forma un conjunto de interacciones naturales que se influecian mutuamente, tanto «el vuelo de las aves y las ramas desde las que se emprende ese vuelo» como «las hojas agitadas por el viento y la sombra que proyectan sobre el suelo».
Lo que le lleva a criticar de alguna manera el tan admirado método científico, muy útil para muchos aspectos de la sociedad, pero que se descubre restrictivo a la hora de la observación de la naturaleza: «...lo agreste, eso que tan poco le gustaba a mi padre. Nada filosófico. Algo irracional, incontrolable e incalculable. De hecho, está muy cerca de la naturaleza en su estado más salvaje, a pesar de nuestros enormes esfuerzos por “ajardinarlo” todo y por inventar sistemas sociales e intelectuales que lo registren todo».
Una relación con la naturaleza que el mismo Fowles afirmó que fue clave para su producción literaria, a pesar de estar siguiendo pautas de comportamiento alejadas de lo considerado como normal en la sociedad. Pero también huye de lo que de trancendentalismo pueda tener ese acercamiento a lo natural, ya que ese tipo de filosofías que ayudan a entenderse más en relación con la naturaleza no dejan de tener, en su opinión, una visión antropocéntrica del mundo, en función de la cual todo está al servicio del ser humano: «...hemos convertido estas filosofías en algo apropiado para nosotros, para que podamos utilizarlas de una manera que cada vez me resulta más narcisista. Parece que su fin sea hacernos sentir más positivos, más significativos, más dinámicos...».
Una esencia, la de la Naturaleza, que Fowles acaba comparando con la del Arte, en relación a que ambas son imposibles de enseñar, de categorizar, de estructurar, y que solo se sienten adentrándose en su plenitud, casi sin explicaciones, sin denominaciones, sin catalogaciones. Fowles llega a una conclusión: cosificar nuestras experiencias dando nombres a las experiencias remite al pasado de la propia experimentación y acaba convirtiéndose en una cultura que nos lleva a confiar en los que «se ha conseguido y explicado en el pasado» desde una perspectiva artística y científica. Pero «la Naturaleza, por su propia naturaleza, se resiste a todo esto. Espera que la contemplemos de otra manera, en su presente individual y desde un ángulo que se corresponda con nuestro propio presente individual».
Y la naturaleza nos lleva a reflexionar sobre las ciudades, sobre el modo en el que vivimos, relegando lo agreste a cada vez menos lugares y permitiéndonos tan solo pequeños esbozos de naturaleza estructurada en nuestros jardines, en nuestros parques, incluso, en nuestros balcones. Un libro que nos abre la mente hacia nuevas maneras de mirar nuestro entorno (a pesar de, como ya he dicho, estar escrito hace casi cuatro décadas) y que como reflexión final podría resumirse en otras lúcida frase del autor: «Mientras  sigamos considerando que la naturaleza es algo que está fuera de nosotros, que está más allá de nuestras fronteras, como un elemento extranjero, apartado, la habremos perdido por completo, tanto en el exterior como en nuestro interior».
Yo ya he colocado este hermoso libro en ese sitio de la biblioteca en donde se sitúan los libros de referencia que probablemente leerás más de una vez y, seguro, recomendarás a cualquier mente dispuesta a descubrir belleza y profundidad más allá de las letras impresas.