Palabras sin música. Memorias
Words without music: a memoir. Traducción: Mariano López
Malpaso, 2016

A sus ocho décadas de vida, Glass ha decidido hacer repaso a su vida y este Palabras sin música se convierte en su libro de memorias, en donde, en primera persona, da buena cuenta de sus inicios, sus costumbres, influencias y cómo su familia, amigos y maestros llegaron a determinar por dónde iba a dirigir sus pasos este joven algo miedoso, aunque decidido, nacido en Baltimore (Maryland, EEUU) en 1937. No se trata de un libro en donde las palabras se disfruten por sí mismas; no se trata de gran literatura, no. Pero la honestidad a la hora de contar su vida, hace de estos textos una buena manera de entender los caminos de Glass por el mundo de la música y por la vida en general. Tampoco me parece muy acertado el título, aunque parece que el autor haya querido separar las memorias del impacto musical que tiene su obra; sin embargo, me cuesta entender (y leer) la biografía de un músico sin una banda sonora con su obra sonando al mismo tiempo, algo que ya he procurado remediar por mis propios medios, pinchando piezas de este maestro del siglo XX durante la lectura de su libro de memorias. En cualquier caso, echo de menos una biliografía discográfica y de sus representaciones o, como se está poniendo de moda últimamente, una lista de audición con enlaces online para acompañar la lectura con la selección de música que hubiera podido hacer el propio autor. Eso sí, el libro se estructura repasando los momentos más significativos de su carrera, desde sus estudios en la Juilliard School de Nueva York, con Darius Milhaud como profesor, o los que realizó en París con Nadia Boulanger en el Conservatorio americano de Fontainebleau, hasta sus colaboraciones con músicos pop o sus éxitos internacionales con las óperas o las bandas sonoras.
Siempre es útil para el aficionado y el estudioso de su obra la sinceridad (aparente) con la que un autor cuenta su propia vida, su desarrollo musical, sus influencias y sus deseos de encontrar un lenguaje propio, algo que, sin lugar a ninguna duda, Glass ha conseguido. Pues, eso está claro, estamos ante uno de los compositores más mediáticos, conocidos e influyentes en generaciones posteriores de las últimas décadas (también, frente a uno de los más criticados, como, por otro lado, suele ocurrirle siempre a los genios).
Para la lectura, puedes escuchar Façades, una de las más bellas obras de Glass, pinchando aquí.