![]() |
Las imágenes en directo de esta reseña son del dvd Radical Action (To unseat the hold of monkey mind). King Crimson ejecuta sus conciertos libres de móviles, en los que está prohibido tomar imágenes. |
European Tour 2016
Palacio Municipal de Congresos de Madrid, 21 de noviembre de 2016

Entre aquellos grupos que surgieron somo setas (alucinógenas), uno de ellos destacó desde su primer trabajo, la banda londinense King Crimson, que nacieron para reventar los patrones del pop y del rock con una intensa dosis de calidad, vanguardia y seriedad. Su primer disco, In the Court of the Crimson King (1969) quizás no lo haya escuchado mucha gente joven de hoy día pero que, seguro, lo conocen por la poderosa imagen de su portada, un icono de la música, esa inolvidable ilustración del grito en primer plano del hombre esquizoide del siglo XXI.
Nada menos que 47 años después (¡casi cinco décadas!), una de las muchas combinaciones que siempre ha logrado Robert Fripp (la 12ª ya), el iluminado y genial guitarrista que fundó y ha llevado las riendas de la banda, se halla inmersa en una descomunal gira europea que, para nuestra fortuna, ha hecho parada en nuestro país. Ayer, 21 de noviembre, y hoy, cuando escribo estas líneas, abarrotan el gran espacio del Palacio Municipal de Congresos de Madrid. El 24 y el 25 estarán en el Auditori del Forum de Barcelona.
El asombro es mayúsculo nada más entrar en la sala, antes, incluso, de que el espectáculo comience. Al contrario que casi cualquier formación de pop-rock que suelen colocar la batería detrás de los solistas cantantes y guitarristas, King Crimson apuesta por las baterías situándolas en primer plano. Y, sí, digo bien, “las baterías”, porque son tres las que protagonizan el espectáculo, y son interpretadas, manoseadas, casi pulverizadas por tres mayúsculos bateristas: el californiano Pat Masteloto, el también estadounidense Bill Rieflin y el inglés Gavin Harrison, hmirándolos de izquierda a derecha.
Tras ellos y sobre una tarima, los otros cuatro musicos de la formación. A la izquierda, los saxos y las flautas del británico Mel Collins, parapetado tras una mampara transparente. A su lado, el impresionante y frenético bajista Tony Levin, con sus potentes líneas de fondo. Junto a él, la voz y guitarra Jakko Jakszyk, británico aunque su nombre parezca indicar otra cosa, que eleva la emoción con sus voces en las (no muchas) partes cantadas. Y, por fin, detrás y a la derecha, sentado junto a su torre de efectos, con su guitarra y sus auriculares, hierático, serio, sobrio... el inigualable Robert Fripp, quien sin asumir casi ningún protagonismo, asume la dirección de esta empresa musical con una férrea voluntad que ya dura casi cincuenta años.
El resultado es muy difícil de expresar. Esta gira se convierte en un bucle temporal perfecto a la larga historia de la banda, recogiendo sus grandes éxitos de su carrera con la sabiduría que hoy poseen los músicos (y no sugiero con esto que no fuesen geniales en épocas pasadas). Pero este grandes éxitos no es como el que cualquier otra banda podría realizar. King Crimson los recrea, los refuerza, los hace contemporáneos y, si no lo eran antes, los convierte en verdaderas obras maestras. Porque lo que sobre el escenario se interpreta es verdadera música contemporánea, música de nuestro tiempo que ya está pidiendo a gritos ser interpretada en las salas de conciertos como se merece (y no con esas trasnposiciones orquestales tan deslucidas e irritantes). Va siendo hora de que los programadores de conciertos de música contemporánea dejen de mirar a los (geniales y necesarios, sin duda) Stravinski, Schoenberg, Berg... que escribieron sus obras hace ya casi un siglo y comiencen a programar entre los autores nuevos, a estas bandas del rock que ya son casi clásicos de la música e interpretadas con los instrumentos originales de las bandas.

Puedes ver el fragmento oficial dedicado al tema Easy money pinchando aquí.